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Parque Regional Waitakere Ranges

A tan solo 25 km al oeste de Auckland se extiende el Parque Regional “Waitakere Ranges” que ocupa más de 16.000 hectáreas de bosque y costa. Conducir por las carreteras que llegan a los diversos puntos más atractivos de la zona es sinónimo de quedar enamorado de la naturaleza y la pureza que se respira en el ambiente. Además de la frondosa vegetación del parque, de los pájaros que en el habitan, las costas también son uno de sus principales atractivos. Tanto es así que han sido protagonistas de películas como “El Piano” o de series televisivas como “Xena” o “Hércules”.

Vista hacia el sur: Puerto de Manukau y alrededores

Para conocer mejor Waitakere, una buena idea es parar en el centro del visitante “Arataki”. En este pequeño museo informativo se pueden conocer que especies de plantas y animales habitan en la zona. De hecho, algunos de los insectos, como el genuino weta se pueden observar en los nidos construidos en los troncos de los árboles del centro. Pájaros como Chrysococcyx lucidus (pipiwharauroa) quizás no se tiene la suerte de ver pero si de escuchar sus cánticos. Árboles como el Kauri, uno de los más grandes y que en años anteriores sufrió una terrible deforestación; o el Kōwhai (significa amarillo en maorí), cuya flor es un símbolo nacional de Nueva Zelanda, se pueden encontrar en este parque. También se pueden ver los Pūriris, una especie de caramelo para los pájaros, o los helechos, un símbolo del país. Además de la flora y la fauna que habitan uno puede disfrutar de las bonitas vistas que se ofrecen desde la zona de Arataki. Gracias a su situación se pueden admirar panorámicas del Océano Pacífico y del Mar de Tasmania. Hacia el sur el puerto de Manukao, hacia el este la ciudad de Auckland y alrededores.

Detalle del helecho cuando sus hojas están naciendo

El paisaje del parque se alterna con terrenos de amplias playas de arena negra separadas por acantilados. Piha, Karekare o Anawhata son las más conocidas. Fueron, hace siglos, un terreno ocupado por el iwi (pueblo, en maorí) Te Kawerau a Maki. Aquí encontraron un lugar fértil para conrear y rico en animales marinos. Durante el siglo XIX esta área, abundante en kauris, fue demolida a causa de su preciada madera. Afortunadamente en 1921 se paró la tala de estos árboles y la zona ha sido poco a poco regenerada.

Playa de Piha, Lion Rock en primer plano

Para visitar Waitakere Ranges es imprescindible disponer de vehículo propio, son zonas poco habitadas y es por eso que no hay un servicio público de transporte habitual. No es una zona de turismo masificado, por ello es agradable perderse por los recónditos lugares que se esconden en el parque. También, si se está en forma, se puede visitar a pie. Una buena idea para conocer los lugares más sorprendentes es recorrer el “Hillary Trail”; son unos 70 km y se tarda unos 4 días y 3 noches.

Piha a pie de playa

Rangitoto: El volcán más joven de Auckland

Hace tan solo 600 años que surgió de las aguas del golfo de Hauraki. El volcán Rangitoto estuvo en activo algunos años antes de que los primeros maoríes llegaran de la vecina isla de Motutapo. Ellos nombraron la isla “Te rangi I totongia a Tamatekapua”, es decir “El día en el que la sangre de Tamatekapua fue derramada”, Tamatekapua era el nombre del jefe de la canoa “Te Arawa” que llegó en el año 1350. Las tribus maoríes no vivieron nunca permanentemente en la isla, la usaban solamente para cazar y pescar. Años más tarde, en 1854 el gobierno Europeo compró la isla Rangitoto (2.311 hectáreas) a los dueños maoríes por 15 libras. En 1890 se convirtió en dominio público. Ahora es una isla preservada de los animales nocivos para poder conservar la flora y la fauna.

Kowhai Grove, uno de los caminos con vegetación más densa

Mckenzie Bay Road,suelo de lava volcánica y vistas de la ciudad de Auckland al fondo

Sólo poner un pie en la isla te das cuenta de la paz que se respira, lo único que se oye son los silbidos de algunos pájaros y zumbidos de algún insecto, los únicos habitantes de la isla. Las vistas son inéditas, con más de 200 especies de plantas y árboles, donde por supuesto se incluyen la Silvern Fern (helecho plateado), uno de los símbolos de Nueva Zelanda. Además de la flora y la fauna la isla conserva algunas de las casas de verano llamadas “Bachs”. Casitas construidas a finales de los años 30 del siglo pasado para veranear y dónde habitualmente se celebraban fiestas, competiciones de pesca, conciertos y otros eventos.

Variedad de flora que se puede encontrar en la isla, primera vista del «Silverfern»

Uno de los pocos habitantes de la isla

Una de las Bachs (casas de verano) que se conservan en la costa de Rangitoto

Hay diversos recorridos para llegar al cráter, el más directo es el Main Summit Track pero antes uno se puede perder por el camino Kowhai Grove, donde se abre un frondoso sendero en el que visualmente las tonalidades de verde son las protagonistas y los pájaros son los guías de esta pequeña senda. En unos 15 minutos se llega a Mckenzie Bay Road, una carretera que rodea la isla por la costa y por la que se puede llegar, con más tiempo, a la cumbre del volcán. La mayoría de visitantes estarán sujetos al horario del último ferry de vuelta a Auckland, así que lo mejor es tomar el camino directo. El Main Summit track, más empinado y abrupto, recompensa con los mares de lava que se abren en cada paso que se da, salpicados de abundante vegetación. En los últimos 15 minutos de recorrido hasta la cima se vuelve abrir un bosque húmedo donde las raíces centenarias de los árboles recorren hacia abajo el camino. Finalmente, si las nubes lo permiten, los últimos pasos llevan hacia un impresionante paisaje de la bahía de Hauraki. Aquí se pueden contemplar algunas de las islas que la forman, como la isla vecina de Motutapo. Además, en una de las travesías que se bifurcan en el último tramo del trayecto se puede acceder a las cuevas de lava formadas tras la erupción.

Último tramo para llegar al cráter del volcán

Vista desde la cima del volcán

Para deleitarse de los paisajes de la isla se puede llegar con ferry desde el puerto de Auckland, cada día salen 3 ferries hacia el volcán. El precio no es muy asequible (28$ i/v), pero estando en Auckland vale la pena escaparse de los altos rascacielos y calles sobrecargadas. La isla Rangitoto está muy encarada al turismo con amplia señalización y paneles de información. La mejor opción, para disfrutar bien de la isla, es tomar el primer ferry que sale desde la terminal de Auckland y volver con el último que parte de Rangitoto por la tarde.

De Lleida a Auckland

Força, equilibri, valor i seny són els pilars de la tradició catalana que ja compta amb més de 200 anys d’història: Els Castellers. Més enllà del gran símbol catalanista, els castells es caracteritzen pels seus valors socials i humans que desprenen als qui els fan i als qui els miren. Cooperació, solidaritat, cohesió, pluralitat, integració són fàcils de percebre quan hom observa les colles castelleres.

Mans castelleres per fer força des de la pinya

Aquestes torres humanes conegudes internacionalment i que van néixer a terres tarragonines ara s’estenen per tot el territori català. A Lleida, la colla castellera es va fundar el 1995 i des de llavors han participat més de 3000 homes i dones, de totes les edats.

En Dionís i la seva dona van començar gràcies a la inquietud del seu fill, qui quan estiuejava a un càmping de Salou va entrar en contacte amb els Castellers de Reus. Llavors, cap dels 3 sabien res sobre el món casteller. Després de 15 anys ja han participat en nombroses sortides castelleres i formen part de la història en el recorregut de la colla de Lleida.

 Per aconseguir les grans actuacions que fan a les places de tot Catalunya durant la temporada (abril-novembre) les colles s’han de reunir als locals per assajar i aconseguir un bon resultat. En un dels últims assajos de la temporada, en Dionís m’explica la fita que volen aconseguir a Mataró el 4 de novembre, un 3 de 9 amb folre (3d9f). Amb atenció, esbrino tot això dels números i noms que se’ls hi posa. El primer número (3, en aquest cas) correspon a les persones que hi ha per pis, el segon número (9) vol dir els pisos en total del castell; si és amb folre vol dir que, a més a més de la pinya que hi ha a sota, es forma una nova pinya a sobre d’aquesta, cosa que ho complica més.

Casteller enfaixant-se

En Samuel, el cap de colla de Lleida, s’encarrega de dirigir l’obra arquitectònica que ve marcada per una jerarquia ben estudiada. Un cop formada la pinya (la base) pugen els segons, (les persones que comencen a formar part del tronc), quan el cap de colla veu que la base és prou sòlida es comença a sentir el toc de castells a plaça, interpretat per les gralles. Són aquests instruments els que ajuden als castellers a saber en quin estat es troba el castell que estan muntant. Quan l’enxaneta (l’infant que puja més amunt) arriba al cim i fa l’aleta (aixecar el braç), les gralles fan un petit incís i canvien la melodia. A Mataró, finalment no hi va haver sort pels de Lleida i el repte del 3d9f es va haver de desmuntar amb la pujada dels dosos (la parella d’infants sobre l’últim pis del castell).

Formació d’una pinya en un assaig al local dels Castellers de Lleida

Als assajos pot anar tothom qui vulgui a donar suport i per entrar a formar part de la colla només cal anar-hi, demanar una camisa bordeus i començar a fer pinya. Tant es així que en Kyriagos y en Yorgos, tots dos estudiants Erasmus a Lleida, provinents de Grècia, ja s’han unit a la família castellera. Quan vam arribar a Lleida, gràcies als companys d’universitat, ens vam assabentar de l’existència d’aquesta tradició i vam voler viure-la de prop, comenta en Yorgos.

Actuació dels Castellers de Lleida a la plaça Paeria de Lleida el 27 d’octubre

Una gran mostra dels valors que se’n desprenen i que em fan sentir orgullosa de la terra d’on vinc. Un gran començament per un nou blog on parlaré, com he titulat, d’antropologia de viatges, això vol dir que us faré arribar la cultura, les tradicions, el patrimoni material i natural d’arreu on vagi a través de reportatges, entrevistes, fotografies i vídeos.

Benvinguts!

Así es

Yo viajo no para llegar a ningún lado. Sino por irme. Viajo por el simple hecho de viajar. El gran asunto es moverse.