Archivo de la categoría: Patrimonio

Vivir en Winterland, las montañas rocosas de Canadá

Llegué antes que el crudo frío se asentara en este rincón norte del mundo.  Durante 20 días el sol brillaba, calentaba e iluminaba Banff casi a diario, este pequeño pueblo de las montañas rocosas canadienses. La majestuosidad de la naturaleza no dejaba de asombrarme cada día que despertaba y miraba a mí alrededor. Cuesta creer que tanta belleza se reúna en un solo lugar y que además yo pueda ser testigo diario de ella. Como siempre, los primeros días en un nuevo lugar, experimenté  sentimientos controvertidos, miedo, incertidumbre, alegría, emoción, soledad. Poco a poco encontré todo lo que necesitaba para asentarme durante unos meses en este pequeño lugar. Con casa y trabajo, me fui sintiendo de nuevo en una nueva zona de confort.  Si más no en una cierta estabilidad para seguir el rumbo del cambio, seguir conociendo lugares y aunar experiencias diferentes.

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El orgullo de los indios Mohawk de Canadá

Kahnawake es una reserva de indios Mohawk, a unos 10 km de la ciudad de Montréal, en Canadá. El Pow wow es una fiesta o reunión de pueblos indígenas originarios de Norteamérica.  En estas celebraciones se honra la cultura nativa mediante cantos, bailes, encuentros con nativos de otras reservas y por supuesto la voluntad de compartir con todo aquel que quiera aprender y disfrutar del folklore de las primeras naciones.  En esta ocasión, del 10 al 12 de julio la tribu Mohawk de Kahnawake organizó su propio Pow wow , en el que todos los Mohawk de otras reservas estaban invitados a participar en los populares concursos de bailes y vestidos típicos y rendir homenaje a su cultura y tradiciones.

Muro de bienvenida a la fiesta del Pow wow en Kanahwake

Muro de bienvenida a la fiesta del Pow wow en Kahnawake

Jurado en el concurso de danza Mohawk

Jurado en el concurso de danza Mohawk

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Road Trip por Marruecos

Momentos vividos durante los 12 días de nuestro viaje por Marruecos. Ciudades y pueblos como Fez, Chefchaouen, Casablanca, Marrakech, Zagora, el valle del Dra’a, Ait ben Hadou, Essaouira… y toda la gente que compartió trocitos del viaje con nosotras.

Además ésta vez no viajé sola, ¡mi gran amiga Marta es la otra protagonista de la historia!

La grandiosidad del Masai Mara

“Salimos a la primera hora de la madrugada y nos dirigimos hacia el norte: a mano derecha teníamos el Océano Índico, invisible desde la carretera, y a la izquierda, primero el macizo de Nguru y luego, y durante todo el tiempo, la estepa de los Masai. La verde naturaleza se desplegaba a ambos lados a lo largo de todo el camino. Hierba alta, arbustos tupidos y enmarañados, sombrillas desplegadas de los árboles… Y así hasta la montaña del Kilimanjaro y las dos pequeñas ciudades situadas en sus inmediaciones, Moshi y Arusha. En Arusha doblamos al oeste, hacia el lago Victoria. Después de 200 kilómetros empezaron los problemas. Habíamos entrado en la inmensa llanura del Serengeti, la más grande concentración de animales salvajes. Mirásemos por donde mirásemos, por todas partes aparecían nutridas manadas de cebras, antílopes, búfalos y jirafas… Y todas estas bestias se pasan la vida paciendo, correteando, brincando y galopando. Unos cuantos leones permanecían inmóviles al borde de la carretera, algo más lejos se veía una manada de elefantes y mucho más alejado, casi en la línea del horizonte, un leopardo corriendo a grandes saltos elásticos. Todo aquello parecía increíble, inverosímil. Como si uno asistiera al nacimiento del mundo, a ese momento particular en que ya existen el cielo y la Tierra, cuando ya hay agua, vegetación y animales salvajes pero aún no ha aparecido Adán y Eva. Y precisamente aquí se contempla ese mundo recién nacido, un mundo sin el hombre, y por lo tanto sin el pecado; es aquí, en este lugar, donde mejor se ve, y tal cosa es una experiencia inolvidable.”

Extracto del libro Ébano de Ryszard Kapuscinski. No he podido resistirme a compartir este fragmento maravilloso donde el autor detalla magistralmente el sentimiento de pisar por primera vez una reserva natural como el Serengeti o el Masai Mara.

La sabana del Masai Mara salpicada por ñús y cebras

La sabana del Masai Mara salpicada por ñús y cebras

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