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Parada en Whangarei

Te Terenga Parāoa es otro nombre por el que se conoce Whangarei. Significa el lugar de reunión de las ballenas. Parāoa es el nombre maorí para denominar el esperma de la ballena. Esta criatura está muy bien considerada por los maoríes, se refieren a ella como el pez más grande del océano. Simbólicamente la  Parāoa representa personas de un status considerable. Como escultura tallada o motivos pintados simboliza salud, abundante comida y riqueza. Como nombre de un lugar, Te Terenga Parāoa, indica una zona rica en recursos, tierra, comida y gente.

 Para los antiguos maoríes la Parāoa era un importante regalo de los dioses. En tiempos lejanos los tohunga, lo que equivaldría a cura, subían por senderos hasta llegar a altares escondidos en lo más alto de los montes y rendían enérgicos rituales para atraer la Parāoa, animando a las ballenas a que entraran en el puerto.

Vistas que se pueden disfrutar en los alrededores de Whangarei

Las tribus de Whangarei son descendientes de los ancestros que migraron hasta aquí en waka (canoas) desde el Pacífico Central. Gracias a las fuertes  tradiciones se observa que varias waka llegaron a esta zona en diversos momentos, entre ellas TūnuiārangiRuakarameaMoekāakaraTe WakatūwhenuaMahūhūkiterangi y Mataatua. Al principio Whangarei fue ocupada por los Ngai Tāhūhū quienes llegaron con la waka Tūnuiāarangi. Para muchas generaciones los  Ngai Tāhūhū disfrutaron de una posición de poder y llegaron a ser una de las tribus más importantes en un área que se extendía desde Tāmaki  (Auckland) en el sur hasta la Bay of Islands en el norte. Hacia 1700 Ngai Tāhūhū empezaron a perder una parte considerable de su territorio por culpa de las guerras inter tribales. Finalmente, el área de Whangarei fue todo lo que les quedó de lo que un día fue un gran imperio.

He waiata, una canción maorí para las montañas sagradas y las tribus de Whangarei.

Tēnei au ka piki ngāparinga pātūwatawata, pā maioro o Maunga Parihaka, ka kite atu ngā hapū me ngā maunga tapue

Ka huri whakaterāwhiti ko taku aro ki te kapua hōkaia ki rūnga Maunga Rangitihi Tērā ko Ngāti Pūkenga me Te Tāwera e

Ka rere atu au ki te kohu tatao ana i ngā kōhatu teitei o Maunga Manaia, ko Ngai Tāhūhū te iwi e

Ka whakarērea te pou o te whare kia tau iho rā ki runga Maunga Rangiora

Ko Takahiwai te papakāinga, ko Patuharaekeke te hapū e

Ka huri whakauta au kia rere atu ki runga Otaika ka tau ki Te Toetoe ko Pāa-Te Aroha te marae e

Ka hoki whakatehauāuru ki Maunga Tangihua, ki Maunga Whatitiri, ki aku huānga

Te Uriroi me Te Parawhau e

Ka huri whakararo taku titio ki a Ngāti Kahu, ngā uri a Torongare, ko Hurupaki ko Ngārārātunua, ko Parikiore ngāmaunga e

Ka haere whakaterāwhiti ki Maunga Maruata me Maunga Pukepoto, kia tau iho ki roto o Ngāti Hau e

Tēnei ka hoki ki Maunga Parihaka, kātahi au ka tau iho e

TRADUCCIÓN

Aquí he subido al terraplén de la gran fortaleza del Monte Parihaka donde puedo ver la gente de mi tribu y sus sagradas montañas

Hacia el este se torna mi mirada, veo las nubes perforadas por el Monte Rangitihi, ahí están Ngāti Pūkenga y Te Tāwera

Ahora vuelo hacia adelante, hacia la bruma suspendida encima de la noble cumbre del Monte Manaia, Ngai Tāhūhū son las gentes

Huyo de mi hogar para pisar terreno del Monte Rangiora, el pueblo de Takahiwai y la gente de Patuharakeke

Luego vuelo al interior pasando sobre Otaika para descender en Te Toetoe encima de la marae de Pā-te-Aroha

Voy hacia el oeste al Monte Tangihua y al monte Whatitiri, donde están mi familia Te Uriroroi y Te Parawhau

Allí miro hacia el norte, a Ngāti Kahu, los descendientes de Torongare Hurupaki, Ngārārātunua y Parikiore son sus montañas

Vuelvo hacia el este de nuevo, ahora al monte Maruata y Pukepoto

Para descender entre Ngāati Hau

Y así vuelvo al monte Parihaka donde empezó mi día y ahora termina

Vista de Whangarei desde lo alto del Monte Parihaka

Parque Regional Waitakere Ranges

A tan solo 25 km al oeste de Auckland se extiende el Parque Regional “Waitakere Ranges” que ocupa más de 16.000 hectáreas de bosque y costa. Conducir por las carreteras que llegan a los diversos puntos más atractivos de la zona es sinónimo de quedar enamorado de la naturaleza y la pureza que se respira en el ambiente. Además de la frondosa vegetación del parque, de los pájaros que en el habitan, las costas también son uno de sus principales atractivos. Tanto es así que han sido protagonistas de películas como “El Piano” o de series televisivas como “Xena” o “Hércules”.

Vista hacia el sur: Puerto de Manukau y alrededores

Para conocer mejor Waitakere, una buena idea es parar en el centro del visitante “Arataki”. En este pequeño museo informativo se pueden conocer que especies de plantas y animales habitan en la zona. De hecho, algunos de los insectos, como el genuino weta se pueden observar en los nidos construidos en los troncos de los árboles del centro. Pájaros como Chrysococcyx lucidus (pipiwharauroa) quizás no se tiene la suerte de ver pero si de escuchar sus cánticos. Árboles como el Kauri, uno de los más grandes y que en años anteriores sufrió una terrible deforestación; o el Kōwhai (significa amarillo en maorí), cuya flor es un símbolo nacional de Nueva Zelanda, se pueden encontrar en este parque. También se pueden ver los Pūriris, una especie de caramelo para los pájaros, o los helechos, un símbolo del país. Además de la flora y la fauna que habitan uno puede disfrutar de las bonitas vistas que se ofrecen desde la zona de Arataki. Gracias a su situación se pueden admirar panorámicas del Océano Pacífico y del Mar de Tasmania. Hacia el sur el puerto de Manukao, hacia el este la ciudad de Auckland y alrededores.

Detalle del helecho cuando sus hojas están naciendo

El paisaje del parque se alterna con terrenos de amplias playas de arena negra separadas por acantilados. Piha, Karekare o Anawhata son las más conocidas. Fueron, hace siglos, un terreno ocupado por el iwi (pueblo, en maorí) Te Kawerau a Maki. Aquí encontraron un lugar fértil para conrear y rico en animales marinos. Durante el siglo XIX esta área, abundante en kauris, fue demolida a causa de su preciada madera. Afortunadamente en 1921 se paró la tala de estos árboles y la zona ha sido poco a poco regenerada.

Playa de Piha, Lion Rock en primer plano

Para visitar Waitakere Ranges es imprescindible disponer de vehículo propio, son zonas poco habitadas y es por eso que no hay un servicio público de transporte habitual. No es una zona de turismo masificado, por ello es agradable perderse por los recónditos lugares que se esconden en el parque. También, si se está en forma, se puede visitar a pie. Una buena idea para conocer los lugares más sorprendentes es recorrer el “Hillary Trail”; son unos 70 km y se tarda unos 4 días y 3 noches.

Piha a pie de playa

Rangitoto: El volcán más joven de Auckland

Hace tan solo 600 años que surgió de las aguas del golfo de Hauraki. El volcán Rangitoto estuvo en activo algunos años antes de que los primeros maoríes llegaran de la vecina isla de Motutapo. Ellos nombraron la isla “Te rangi I totongia a Tamatekapua”, es decir “El día en el que la sangre de Tamatekapua fue derramada”, Tamatekapua era el nombre del jefe de la canoa “Te Arawa” que llegó en el año 1350. Las tribus maoríes no vivieron nunca permanentemente en la isla, la usaban solamente para cazar y pescar. Años más tarde, en 1854 el gobierno Europeo compró la isla Rangitoto (2.311 hectáreas) a los dueños maoríes por 15 libras. En 1890 se convirtió en dominio público. Ahora es una isla preservada de los animales nocivos para poder conservar la flora y la fauna.

Kowhai Grove, uno de los caminos con vegetación más densa

Mckenzie Bay Road,suelo de lava volcánica y vistas de la ciudad de Auckland al fondo

Sólo poner un pie en la isla te das cuenta de la paz que se respira, lo único que se oye son los silbidos de algunos pájaros y zumbidos de algún insecto, los únicos habitantes de la isla. Las vistas son inéditas, con más de 200 especies de plantas y árboles, donde por supuesto se incluyen la Silvern Fern (helecho plateado), uno de los símbolos de Nueva Zelanda. Además de la flora y la fauna la isla conserva algunas de las casas de verano llamadas “Bachs”. Casitas construidas a finales de los años 30 del siglo pasado para veranear y dónde habitualmente se celebraban fiestas, competiciones de pesca, conciertos y otros eventos.

Variedad de flora que se puede encontrar en la isla, primera vista del «Silverfern»

Uno de los pocos habitantes de la isla

Una de las Bachs (casas de verano) que se conservan en la costa de Rangitoto

Hay diversos recorridos para llegar al cráter, el más directo es el Main Summit Track pero antes uno se puede perder por el camino Kowhai Grove, donde se abre un frondoso sendero en el que visualmente las tonalidades de verde son las protagonistas y los pájaros son los guías de esta pequeña senda. En unos 15 minutos se llega a Mckenzie Bay Road, una carretera que rodea la isla por la costa y por la que se puede llegar, con más tiempo, a la cumbre del volcán. La mayoría de visitantes estarán sujetos al horario del último ferry de vuelta a Auckland, así que lo mejor es tomar el camino directo. El Main Summit track, más empinado y abrupto, recompensa con los mares de lava que se abren en cada paso que se da, salpicados de abundante vegetación. En los últimos 15 minutos de recorrido hasta la cima se vuelve abrir un bosque húmedo donde las raíces centenarias de los árboles recorren hacia abajo el camino. Finalmente, si las nubes lo permiten, los últimos pasos llevan hacia un impresionante paisaje de la bahía de Hauraki. Aquí se pueden contemplar algunas de las islas que la forman, como la isla vecina de Motutapo. Además, en una de las travesías que se bifurcan en el último tramo del trayecto se puede acceder a las cuevas de lava formadas tras la erupción.

Último tramo para llegar al cráter del volcán

Vista desde la cima del volcán

Para deleitarse de los paisajes de la isla se puede llegar con ferry desde el puerto de Auckland, cada día salen 3 ferries hacia el volcán. El precio no es muy asequible (28$ i/v), pero estando en Auckland vale la pena escaparse de los altos rascacielos y calles sobrecargadas. La isla Rangitoto está muy encarada al turismo con amplia señalización y paneles de información. La mejor opción, para disfrutar bien de la isla, es tomar el primer ferry que sale desde la terminal de Auckland y volver con el último que parte de Rangitoto por la tarde.