La grandiosidad del Masai Mara

“Salimos a la primera hora de la madrugada y nos dirigimos hacia el norte: a mano derecha teníamos el Océano Índico, invisible desde la carretera, y a la izquierda, primero el macizo de Nguru y luego, y durante todo el tiempo, la estepa de los Masai. La verde naturaleza se desplegaba a ambos lados a lo largo de todo el camino. Hierba alta, arbustos tupidos y enmarañados, sombrillas desplegadas de los árboles… Y así hasta la montaña del Kilimanjaro y las dos pequeñas ciudades situadas en sus inmediaciones, Moshi y Arusha. En Arusha doblamos al oeste, hacia el lago Victoria. Después de 200 kilómetros empezaron los problemas. Habíamos entrado en la inmensa llanura del Serengeti, la más grande concentración de animales salvajes. Mirásemos por donde mirásemos, por todas partes aparecían nutridas manadas de cebras, antílopes, búfalos y jirafas… Y todas estas bestias se pasan la vida paciendo, correteando, brincando y galopando. Unos cuantos leones permanecían inmóviles al borde de la carretera, algo más lejos se veía una manada de elefantes y mucho más alejado, casi en la línea del horizonte, un leopardo corriendo a grandes saltos elásticos. Todo aquello parecía increíble, inverosímil. Como si uno asistiera al nacimiento del mundo, a ese momento particular en que ya existen el cielo y la Tierra, cuando ya hay agua, vegetación y animales salvajes pero aún no ha aparecido Adán y Eva. Y precisamente aquí se contempla ese mundo recién nacido, un mundo sin el hombre, y por lo tanto sin el pecado; es aquí, en este lugar, donde mejor se ve, y tal cosa es una experiencia inolvidable.”

Extracto del libro Ébano de Ryszard Kapuscinski. No he podido resistirme a compartir este fragmento maravilloso donde el autor detalla magistralmente el sentimiento de pisar por primera vez una reserva natural como el Serengeti o el Masai Mara.

La sabana del Masai Mara salpicada por ñús y cebras

La sabana del Masai Mara salpicada por ñús y cebras

En mi caso visité la reserva nacional Masai Mara, colindante a la reserva del Serengeti. El Masai Mara es la sección norte del ecosistema Mara-Serengeti. El significado de Masai Mara es terreno moteado por Mara, referente a las zonas bien marcadas que forman los árboles, la sabana, las nubes…y Masai por sus habitantes que hoy en día siguen habitando la zona.

Imagino que en los años 60 esta sensación de pureza, de génesis era todavía mayor. La grandeza, la amplitud de paisaje lleno de vida emocionan. En cuanto llegué al Parque Nacional los escalofríos empezaron a recorrer mi cuerpo para quedarse durante unos días. Constantemente recibía  esos impulsos nerviosos que se sienten cada vez que vives una nueva experiencia. Estar en esa reserva natural significaba sentir continuamente eso. Todavía cuando pienso que tuve la suerte de estar ahí sigo estremeciéndome.

Ñus, gacelas, impalas, topis, dik-diks, antílopes acuáticos, jabalís verrugosos, leones, guepardos, leopardos, cocodrilos, hipopótamos, rinocerontes, jirafas, elefantes, avestruces, cebras, chacales,  hienas, suricatos, lagartijas azules y rojas, decenas de especies de pájaros… Insólito, todos en un mismo lugar, una reserva natural de 1.500 km cuadrados de superficie. Deseos de imaginar que aquello hubiera sido más virgen de lo que era en ese momento y deseos de que siguiera así por mucho tiempo más.

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Situada en la zona del Gran Valle del Rift es una reserva muy conocida por su excepcional población de leones, leopardos y guepardos y sobre todo por la gran migración anual de cebras, gacelas de Thomson y ñús hacia y desde el Serengeti cada año durante los meses de julio y octubre.

Yo ansiaba ver cada uno de los animales que el parte presumía hospedar. La primera tarde salimos con la furgoneta con techo abatible a avistar alguno de ellos y deleitarnos con una puesta de sol. En tan solo 3 horas y algo ya pudimos disfrutar de los graciosos andares de los jabalís verrugosos, de la tranquilidad de las jirafas mientras mordisquean las hojas de las acacias o de las manadas de búfalos africanos con mirada amenazante. Esa misma tarde, antes de ponerse el sol, una gran familia de elefantes paseaba por una de las zonas con más afluencia de furgonetas de safaris turísticos. Fue sobrecogedor ver la libertad de estos enormes mamíferos, del cuidado de los adultos sobre las crías y sentir una enorme felicidad por estar ahí viéndolo en directo.

El siguiente día, durante unas 8 horas no paramos de recorrer la parte más turística del parque. Nuestro conductor Stanis tiene el mapa de la reserva visitable grabado en su mente. Muchos conductores se ayudan mutuamente, independientemente de si son o no competencia,  a través de radios para poder avistar la mayor cantidad y variedad de animales. A veces planeaba ir hacia un lugar para ver alguna especie en concreto pero de repente una radio u otra furgoneta se cruzaban por nuestro camino con información privilegiada y rápidamente Stanis cambiaba de ruta para conseguir el mejor lugar de observación. “In the jungle you have to be flexible, everything is posible here” (En la sabana tienes que ser flexible porque todo es posible) Repetía cada vez que pisaba con más fuerza el acelerador para no dejar escapar ni un solo animal fuera de nuestra vista. Ese día no dejamos de ver animales en su propio hábitat. Huidizo unos e impasible otros a los ojos de los que les acechábamos con nuestras largos objetivos fotográficos.

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