Archivo de la categoría: Cultura

Kumusta, amigo?

Vuelo  Kuala Lumpur-Manila. Azafatas y pilotos que informan a los pasajeros  con sus charlas de seguridad  en inglés y tagalo. Ya me percato que del tagalo no entiendo el significado pero identifico palabras como aeroplano, pasajero o cinturón. Me pregunto, en un estado de alto optimismo, si en 21 días seré capaz de aprender una nueva lengua. Más tarde comprobaría que efectivamente NO.

En el avión llegando a Manila

En el avión, sobrevolando algunas islas de Filipinas

 

Aeropuerto Ninoy Aquino. Manila. 3.00 pm. Después de reencontrarme con Sorcha, mi amiga de Irlanda, juntas tomamos un taxi para llegar hasta Fort Bonifacio y juntarnos con Jan, nuestro gran anfitrión en la capital filipina.

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Cambio de escenario: Malasia

Finalmente, después de 6 meses por las antípodas cambié de escenario. Oceanía dejaba paso al sudeste asiático. El punto de inicio fue Kuala Lumpur, la ciudad más grande de Malasia. Su símbolo son  las torres gemelas más altas del mundo: las Torres Petronas, diseñadas por el arquitecto argentino César Pelli, son un espectáculo, una maravilla arquitectónica, una obra moderna de 452 metros cada una que embelesa las miradas de todos los turistas que llegan a la gran urbe.

Contrapicado de las Torres Petronas

Contrapicado de las Torres Petronas

Torres Petronas

Torres Petronas

En KL, como se la llama coloquialmente,  viven casi 2 millones de personas, aunque en su área metropolitana son casi 7. Para el que nunca ha estado en un país asiático las calles del centro de la ciudad brindaran las principales características de lo que es vivir en Asia. China Town y Little India son el epicentro de la cultura y la muestra tangible del día a día de la ciudad. Colores, olores, sabores, voces, gritos…y tú, una amalgama de diferencias entre oriente y occidente.

Templo hindú en China Town

Templo hindú en China Town

Templo chino en China Town

Templo chino en China Town

Rezando a los dioses hindús

Rezando a los dioses hindús

Templo hindú

Templo hindú

El sudeste asiático, donde no hay aceras en las calles, los puestos de comida callejera surgen a borbotones al caer el sol, las miradas persiguen a los occidentales en las calles poco transitadas por turistas, el olor a incienso surge de cualquier tienda, las fruterías callejeras son una paleta de colores vivos y frescos con formas y sabores únicos… Ese mundo que había conocido años atrás, con bastantes cambios,  en India, se abrió de nuevo antes mis ojos, un mundo del que me acabaría acostumbrando pero que de todas maneras nunca me dejaría de sorprender. Aun así, la capital malasia es una ciudad ordenada, grande, con mucho tráfico pero nada tiene que ver con las vecinas capitales del sudeste asiático. Es un buen principio para ir desentramando lo que esconden los demás países colindantes.

Puesto de comida en la calle

Puesto de comida en la calle

Ofrendas para los templos hindús

Ofrendas para los templos hindús

Templo chino

Templo chino

Malasia es un país conservador, algo que quizás no se aprecia a simple vista o no es tan evidente como en otros países. Pero, por ejemplo, los derechos de la comunidad LGBT (lesbianas, gais, bisexuales y personas transgénero)  son básicamente nulos. La Sección 377 del código penal prohíbe la sodomía tanto heterosexual como homosexual y la castiga con penas que pueden llegar a ser de 20 años de prisión, multas o castigos corporales:  Castigo por cometer relación sexual carnal en contra del orden de la naturaleza. 377B. Quien voluntariamente cometa una relación sexual carnal en contra del orden de la naturaleza será castigado con una pena de encarcelamiento por un periodo que puede llegar a extenderse hasta los 20 años, puede que también se le castigue con palizas.  Esta ley se basa en el Código Penal indio de 1860 y fue promulgada durante el régimen colonial británico. En 2009, India derogó su ley de sodomía.

Interior de la Mezquita Nacional, Masjid Negara

Interior de la Mezquita Nacional, Masjid Negara

Uno de los casos más conocidos es el de Anwar Ibrahim, el ex primer ministro de Malasia. En el año 1998 fue acusado de sodomía además de delitos de corrupción, estuvo encarcelado hasta el 2004, cuando la Corte Suprema revocó  la pena por sodomía. Debido a esa condena, se le prohibió ejercer la política hasta 2008. La directora adjunta del Programa de Amnistía Internacional para Asia y Oceanía, Donna Guest, afirmó: “La ley de sodomía viola los derechos de los gays malasios. De hecho, se utilizó como instrumento de represión política contra Anwar.”

Mujer rezando en la mezquita. Jalan Masjid en Little India

Mujer rezando en la mezquita. Jalan Masjid en Little India

Es fácil pensar que este conservadurismo o fuerte represión se debe a la religión mayoritaria en Malasia, el islam. Según las estadísticas de la web Pew Research, en 2010 un 61,4% de la población malaya era musulmana, cifra que representa un 1,1% del total de la población mundial que practica el islam. Es una conexión fácil. Aunque, cabe recordar que la sección 377 fue promulgada bajo el régimen colonial británico. Ciertamente, a lo largo de la historia, el islam ha tenido opiniones variadas sobre la homosexualidad. Tanto como otras religiones. También es cierto que el Corán y el Hadiz condenan explícitamente los actos sexuales entre personas del mismo sexo y la Sharia o ley islámica lo consideran un delito punible. Por otro lado también encontramos, en la literatura clásica árabe muchas referencias a la homosexualidad, en “Las mil y una noche” por ejemplo, abundan estas alusiones, también existen organizaciones musulmanas a favor de los derechos de la comunidad LGBT como la Fundación Al-Fatiha.

Es un debate infinito, pero al final las condenas y los castigos que se imponen son impuestos por las personas que representan el gobierno, de cómo ellas interpretan la ley. Aunque se comparen dos países regidos por la Sharia, sus leyes, sus penas y condenas serán distintas.

Australia, ”The lucky country”?

¿Qué nos viene a la cabeza cuando escuchamos la palabra Australia? La respuesta de muchos será costas infinitas con playas paradisíacas, desiertos inacabables con canguros saltando y emús corriendo, multitud de especies de animales… en definitiva un país exótico y salvaje. Y puede que lo sea…pero lo que muchos desconocen es la triste historia que sus habitantes sufrieron con la llegada de la invasión europea. Los aborígenes australianos y los isleños del Estrecho de Torres habitan pacíficamente y plácidamente en este continente desde hace más 50.000 años pero con la llegada de los británicos la población aborigen se vio afectada por las enfermedades tales como la rubéola, la tuberculosis o la viruela y el exterminio directo de la raza. Los motivos fueron diversos, el establecimiento de granjas, ganado, pastoreo y el hallazgo de minerales fueron las primeras razones por las que echar o matar a los aborígenes para quedarse con la tierra o simplemente un sentimiento de superioridad racial llevó a los colonos a maltratar a los originarios habitantes de esta gran isla del pacífico.

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Los maorís hoy

¿Qué idea se tiene fuera de Nueva Zelanda sobre la cultura maorí? ¿Cómo viven? ¿Preservan su cultura? ¿Se relacionan con los neozelandeses de procedencia europea?

Antes de llegar a este país tenía una idea preconcebida, errónea, sobre los maoríes. Creía que a pesar de las diferencias del pasado con los europeos habían llegado a estrechar lazos y compartían el día a día. También creía que aunque convivieran con la cultura europea preservaban, en general, sus tradiciones, la cultura y la lengua. Pero la realidad no es esta.

Es mucho más complicada que decir están integrados o no. No es negro o blanco, con los maorís, cuando indagas un poco encuentras multitud de matices. La situación de esta parte de la población no es la mejor, tampoco es comparable con la triste realidad de los vecinos aborígenes australianos, por eso he querido darles voz y presentar una pequeña visión de lo que pasa en Nueva Zelanda.

El total de la población de Nueva Zelanda es de 4.441.300 habitantes. De estos, el 15,4% son maorís. Con la llegada de los europeos a partir de finales del siglo XIX, la población maorí empezó a disminuir a favor de la población pakeha (gente blanca), con ello sus derechos, su cultura, su lengua, sus tierras…también desaparecieron.

Estas diferencias que hubo en el pasado podrían explicar algunos de los porqués del presente.

Según el Departamento del gobierno “Statistics New Zealand Tatauranga Aotearoa”  un 25% del paro total (marzo 2012) corresponde a los maorís, esto significa una cifra altísima si recordamos que solo un 15% de la población de Nueva Zelanda es maorí. Así, el paro maorí representa un 14,6%, tres veces más que el desempleo Pakeha, de un 4,5%. La situación para los jóvenes maorís no es tampoco muy alentadora, un 25,4% de jóvenes maorís entre 18 y 24 años están en el paro. En marzo del año pasado la cifra total de ayudas para maorís fue del 33.2%.

Estas son algunas de las cifras que representan la situación actual. Aun así he podido sacar más conclusiones después de hablar con varios pakehas y maorís.

Baile maorí en la marae de Waiheke el pasado 6 de febrero, Treaty of Waitangi Day

Baile maorí en la marae de Waiheke el pasado 6 de febrero, Treaty of Waitangi Day

Empecé por contactar con gente maorí para pasar una semana conviviendo. Te Miringa fue la protagonista de la historia. Te Miringa vive en Kaikohe, una población de Northland, en la isla Norte. Su vecindario está a unos 5 km del pueblo y todos los que ahí viven son maorís. Te Miringa es maorí pero no habla maorí. Sabe algunas palabras pero en casa con su familia habla inglés. Es una familia bien integrada en la sociedad occidental y con algunas tradiciones maorís. A la hora de la cena William, el nieto, recita la  karakia, una oración maorí.  Pertenecen a la tribu Ngāi Tāhuhu. Cuando los maorís se presentan lo primero que dicen no es su nombre sino cuál es su montaña, su río, su lago…es por eso que cada tribu tiene sus propios elementos naturales. También poseen un lugar de reunión, la marae, donde tienen lugar las ceremonias importantes. No se puede acceder a una marae si no se ha sido previamente invitado por algún miembro de ella. Existen las maraes turísticas, sobre todo en la isla Norte, pero no es exactamente la realidad. La familia de Te Miringa no es precisamente los maorís que se sienten orgullosos de serlo ni tienen interés en enseñarme su cultura.

Parece que Te Miringa no está por la labor de preservar las costumbres y la cultura de sus ancestros. Los propios miembros de la familia no están interesados en aprender maorí, los niños solo hablan inglés. Los vecinos que me encuentro por la calle tampoco hablan la lengua. De hecho en Nueva Zelanda tampoco existe ningún movimiento fuerte y popular que defienda la cultura maorí.

 Pero esto es solamente una primera impresión. La siguiente entrevista la tengo con Craig, un chico de 35 años que lleva toda la vida tratando con maorís, su familia ha dado trabajo durante años a centenares de maorís en las plantaciones de boysenberries.  Para él hay diferentes tipos de maorís, los clasifica en tres grandes grupos: ricos, pobres y los que están realmente preocupados por su cultura y la defienden. Afirma que las 2 culturas conviven pacíficamente pero el interés de los europeos por la cultura maorí es mayoritariamente nulo. El hecho de que mucho de los maorís estén en situación de riesgo social complica la imagen que tienen los pakehas en relación a los maorís. La imagen que la mayoría de maorís de clase baja se han ganado es de trabajar poco, tomarse días libres por cualquier motivo, no importarles tanto el trabajar como estar con los amigos y la familia…

Craig resalta que durante la recogida de boysenberries nunca sabe quién va a ir a trabajar al día siguiente. Dado que el contrato de trabajo es por cajas recogidas a lo largo del día en lugar de por horas no hay control de los que van a diario a trabajar. “No puedo entender la irresponsabilidad de algunos de los maorís que trabajan para mí. Para poner un ejemplo, se toman 5 o 6 días libres cuando se les muere un familiar cercano, no importa que en el trabajo falten, todos lo hacen.” Para Craig no es una cuestión totalmente cultural, sino también socioeconómica. “Tengo amigos maorís, mi mejor amigo es maorí pero no tiene nada que ver con los que vienen a recoger fruta. Mi amigo pertenece a una clase media alta y siempre se ha rodeado de pakehas, en realidad no es una persona que preserva la cultura de sus ancestros”. Por otra parte también tiene una amiga y vecina maorí y me cuenta que ella definitivamente está muy interesada en conservar su cultura. Será interesante hablar con ella. Su nombre es Hinei- Haea y vive en una urbanización de Whakatane.

Nada más llegar a casa de Hinei-Haea me quedo anonadada, vive con su marido y sus hijos en una inmensa casa delante del mar, rodeada por campo, pocas casas más se han construido a su alrededor. Ella, sorprendentemente es blanca, no tiene rasgos maorís, pero el 50% de su sangre proviene de maorís. La casa es moderna y decorada con muchos motivos de la cultura: cuadros, esculturas de madera, objetos de decoración…

Me invita a una copa de vino blanco y empezamos a charlar. Para Hinei-Haea la situación  actual es complicada. Según ella, la primera razón por la que los maorís y los pakehas no se mezclan socialmente es por un problema histórico, “cuando llegaron los ingleses hubo un mal entendido. Hay mucho enfado por todo los que se les quitó, toda la cultura desapareció de la noche a la mañana.” Se lamenta. Y opina “cuando un grupo está en minoría es difícil preservarlo y más todavía si hay otro grupo mayoritario que lo quiere suprimir.” Por otro lado, una segunda razón de la actual situación de segregación es un problema socioeconómico, “a principios del siglo XX los blancos contaban con muchas ayudas del gobierno, mientras que los maorís no recibían nada, eran considerados ciudadanos de segunda…” comenta Hinei-Haea.

Lo que me resulta extraño es que no haya movimientos fuertes a favor de la cultura maorí y tengo la sensación que no se quiere preservar, así que le pregunto cuál es su opinión. Ella me dice que si se quiere conservar, “es por eso que hay bandas como los Black Power o los Nomads, porque quieren defender la cultura maorí”.

Por supuesto el tema del Tratado de Waitangi sale durante esta conversación. Hinei-Haea me cuenta que no fue nada justo para los maorís. En el tratado se incluían nuevas palabras para los maoríes que no significaban lo que les habían dicho. En la versión maorí se decía que los maoríes seguían en posesión de la tierra  mientras que en la versión inglesa  se les daba soberanía a los ingleses sobre Nueva Zelanda.  Para llegar a vivir en una sociedad igualitaria Hinei-Haea cree que el gobierno debería hacer más esfuerzos. “Actualmente lo toma en consideración en una pequeña parte. El Gobierno está devolviendo algunas tierras que fueron de los maorís, pero todavía tiene mucho que devolver.” Además cree que la educación es una cuestión primordial “en los colegios se debería reforzar el biculturalismo a favor de la cultura maorí”.

Hongi, tradicional saludo maorí

Hongi, tradicional saludo maorí

Unos días más tarde tengo la oportunidad de hablar con un hombre maorí que trabaja como yo en la recogida de boysenberries, su nombre es Maui Kahukuranui. Le pregunto si le gustaría recuperar las tierras que anteriormente fueron de los maorís, pero él cree que en realidad la tierra no pertenece a nadie, solamente a quien la creó, “me gustaría que me devolvieran lo que nos robaron: el aliento, la respiración…” aclara. Me cuenta que en el tratado de Waitangi no preguntaron a todos los maorís, y para él no todos los maorís son iguales, algunos han sido víctimas de los pakeha y rechazan su propia cultura.

Queda un largo camino para el buen entendimiento entre las dos culturas. No es un problema de etnias. El problema nace en el hecho de que las dos culturas, la pakeha y la maorí, son gente de Nueva Zelanda, Aotearoa es su principial fuente de identidad, es una tierra compartida por las dos culturas. Según Ranginui Walker, académico y escritor maorí, lo que se debería potenciar es la biculturalidad. Explica que los maorís son forzados a ser biculturales, la cultura pakeha es tan dominante que pueden vivir siendo monoculturales sin contacto o empatía por maoritanga (cultura maorí). “Los maorís han tenido que hacer un proceso hacia el biculturalismo. Han tenido que aprender habilidades para sobrevivir en un entorno urbano e industrial. Este hecho les hace más complejos y posiblemente gente más interesante que aquellos que son monoculturales. Los pakeha por otra parte, no han sido obligados a ser biculturales, han podido permanecer ignorando y siendo monoculturales.”

A muchos pakeha les gusta decir que son una misma gente, tal como escribió el capitán Hobson en el Tratado de Waitangi “he iwi tahi tātou” “We’re now one people” (Ahora somos una gente) o también les gusta decir que viven en una sociedad multicultural formada por gente de las Islas del Pacífico, China, Grecia, Vietnam… donde ponen a los maorís en el mismo saco que a las otras nacionalidades,  pero según el profesor Hirini Moko esto solo es una cortina de humo para crear distancias en las relaciones entre pakehas y maorís.

La esperanza de que algún día exista un país bicultural nunca se pierde, pero mientras sigan existiendo sentimientos de superioridad de culturas el camino será muy largo…

Fuentes:

Statistics New Zealand Tatauranga Aotearoa  http://www.stats.govt.nz/

Maori, pakeha and democracy. Mulgan Richard. Oxford University Press 1989.